Entenderse en la Babel moderna

La pregunta es recurrente por estas latitudes. “¿Qué idiomas hablás?”, surge casi en cada conversación en Bangalore. Aunque en la capital de Karnataka, como en el resto del estado, el canarés es el idioma oficial, no todos la dominan. Y, a la vez, hay multitud de lenguas usadas.

La constitución india reconoce 22 idiomas, pero se cuentan en el país más de 200 dialectos. El Hindi es el idioma oficial y muy hablado en el norte del país. El inglés es denominado “idioma oficial subsidiario”, y es el empleado en áreas administrativas, de negocios o (muchas veces) en educación. A la vez, cada estado tiene su propia lengua (con distintos alfabetos).

Bangalore se encuentra casi en el limite con el estado de Tamil Nadu, donde se habla Tamil, y muy cercana a las fronteras con Kerala (malayalam) y Andra Pradesh (telugu). El inglés, claro está, se hace presente en la ciudad más pujante de toda la región y capital de la industria tecnológica en el sudeste asiático. Una gran metrópolis que parece toda una Babel moderna.

El inglés que se habla en Sunshine, hay que decirlo, tampoco es el más fácil de entender. Ya en nuestra primera noche en Bangalore, Beulah, la directora del orfanato, nos había advertido que las mezclas entre los distintos idiomas no debieran sorprendernos. Algunos han bromeado con el “idioma de Sunshine”, al referirse a estas mezclas o a palabras inventadas vaya uno a saber cómo.

A un combo de por sí confuso habría que agregarle la cuestión de las expresiones faciales o gestuales. Lo que se hace con las manos o la cabeza es tan unificador en India como confuso para el extranjero. El movimiento de la cabeza para los costados (acercando una oreja con el hombro y luego la otra con el otro hombro) es una formar de afirmar, algo que nos costó algún tiempo asimilar.

Las actitudes, las expresiones y las formas de pensar también nos generaron varios inconvenientes para comunicarnos.

Aunque el inglés siempre nos permitió entendernos, pocas veces nos sentimos hablando el mismo idioma, en el sentido más general de la expresión. Salvo algunas veces. Salvo con gestos que parecen ser universales.

 

Los chicos de Sunshine, aunque algunos hablan 2 o 3 o 4 idiomas, se expresan mejor cuando lo hacen sin palabras. Cuando dicen “te quiero” sin decirlo. Y de eso atesoro varios recuerdos.

Como aquel día, durante nuestra primera semana en el orfanato. Jugábamos a las escondidas y, para sumarme a sus costumbres, lo hice descalzo. Grave error: a los 20 minutos varias piedras habían lastimado mis pies y no podía correr a la velocidad del resto de los chicos. De repente, todos tenían algo más importante que hacer que esconderse: asegurarse de que yo estuviera bien. Buscaban la ojota de alguno que pudiera calzarme. O me buscaban un lugar para mantenerme escondido sin moverme demasiado. Minutos más tarde, ya con el juego finalizado, uno de los niños, de unos 8 años, me ofrece crema para los pies. Le dije que no hacía falta, que tenia en mi habitación. A él no le importó, separó la que tenía para él y me extendió su mano para decirme que sacara lo que necesitara. Esa mano extendida, 10 meses más tarde, sigue grabada en mi retina.

 

Algunos otros gestos, por cotidianos, no son menos poderosos. Como los de cada vez que, tras terminar la comida, los chicos ofrecen lavarnos los platos que usamos Patri y yo. El servicio incluye traer un plato hondo con agua para lavarnos la mano derecha (la que usamos para comer).

A la hora de la comida, además, siempre buscan que seamos los primeros en la fila para servirnos.

En cambio, cuando nosotros le ofrecemos la comida que nos sobra, pocas veces quieren agarrar. Solo cuando se aseguran que realmente estamos satisfechos.

Acá, en Sunshine, una barra de chocolate o cualquier comestible se divide en la cantidad de personas que hay para comerlas. Pero hay dos excepciones: a veces, para Patricia y para mí hay porción más grande.

El aprender a decir “gracias” en español para valorar algo que les hayamos enseñado. Las cartas y dibujos para que guardemos, la comida especial que su madre o tía le trajo a un niño y este decide compartir con nosotros. El “estamos orando por vos”. Son varios los gestos que guardo. Y que me recuerdan que, en realidad, el amor es el único lenguaje universal.