Sunshine o niños que brillan

¿Ya tuviste la oportunidad de ver el efecto que causa un rayo de luz ingresando en una habitación oscura? No solo ilumina, también destaca el desorden y la suciedad que pueda haber en el lugar. El polvo parece más oscuro, las telarañas lucen más densas. No se necesita explicar más, solo decir que eso es Sunshine: un rayo de luz en medio del caos que reina en este país. India es eso: mucha gente, muchos autos, muchos carros, motos, vacas, perros, bicicletas, rickshaws (motos – taxis), vendedores ambulantes, personas sin techo, residuos; todo eso funcionando junto en las calles de las ciudades. ¿Saben qué es lo más interesante? ¡Que funciona! De alguna manera, y con escasos semáforos, los conductores se las arreglan para circular a los bocinazos y colocando el auto tal como ubica el cuerpo un futbolista. Claro está, a la velocidad que le permita el tránsito, lo que puede significar horas frente al volante para hacer distancias cortas.

Tachos de basura: expresión no conocida en India. Las calles cumplen esa función, y ello sumado al caos reinante no permite que la vista descanse un instante. Tampoco descansa el oído entre las bocinas y las batucadas de los ritos hindúes; ni el olfato: cuando no hay olores provenientes de cloacas, los hay de los inciensos y las flores que colocan en los incontables sitios de adoración hindú que improvisan sobre la “vereda”. A su lado, se construyen grandes y modernos edificios. Es que Bangalore es una de las ciudades más modernas de India y realmente crece. Aunque, por momentos, el desarrollo parece circunscribirse a las alturas.

En medio de esa realidad también crece Sunshine Home. Algunos niños llegan porque les falta su mamá o papá, otros porque sus padres no pueden pagarles un colegio de calidad y prefieren dejarlos allí, donde pueden estudiar; y otros con situaciones familiares difíciles de relatar.
Nadie sabe qué convirtió a este lugar en luz.
Podría ser el extenso parque con frondosos árboles de mango y palmeras de coco. O el amplio terreno de tierra roja, que los líderes se encargaron de convertir en una creciente y productiva huerta. Con la variedad de vegetales que recogen, se alimentan de manera  saludable y venden el restante para suplir los
gastos del hogar. 

Alguien se atrevería a aseverar que la luz de los niños proviene de la educación que reciben en el colegio al que asisten (Sunshine Adventist School), uno de los más reconocidos de la ciudad por sus altos valores morales y su calidad académica.

Quizás, alguien piense que puede provenir de la dedicación que tienen sus tutores, quienes hace unas tres décadas trabajan para brindarles a los chicos mucho cariño y una  disciplina bien orientada (tienen asignadas tareas diarias de limpieza y trabajo en la huerta, horarios de recreación y de reflexión espiritual). Cualquiera que circula por sus pasillos puede observar que la limpieza y el orden del hogar contrastan con las calles de India.

Tal vez, la versión más creíble sea que los niños de Sunshine son un milagro, que para suplir la ausencia de su familia Dios les regaló una luz especial. Esa luz que los hace diferentes, que los hace brillar en medio del caos, que les hace brindar en primer lugar ese amor que en realidad necesitan recibir, que los moviliza a aprender español para acortar las distancias, que los hace sonreír aunque por dentro duela y los hace cantar todo el día y a cada instante como si solo tuvieran cosas que agradecer. Si venís a Sunshine con ganas de “ayudar”, tené en cuenta que, primero, el brillo de sus niños te va a encandilar..